El regreso de la soledad

23 nov

El amor, estuvo aún lejos de sentirse,

pero la ilusión se presentó,

me envolvió y me cegó.

 

Hoy el dolor me quita las vendas de los ojos,

hoy la decepción se posa como una manta blanca sobre mí.

Hoy despierto con los ojos tristes y el corazón herido.

Hoy despierto dando gracias de haber comprendido.

 

No puedo decir que te quise,

pero sí que estuve cerca de hacerlo

No puedo decir que soñaba contigo,

pero sí que algunos minutos ocupabas mis pensamientos.

 

Nuevamente la soledad me acompaña

Mi amiga fiel, mi compañera ideal,

Hoy esa soledad escucha mi voz y lee mis letras

hoy la soledad me arrulla sosegando mis lágrimas.

 

Oh, dolorosa decepción

Déjame pronto a mí y a mi soledad.

Vete, y no acrecientes más mi dolor

Lárgate, y no vuelvas más.

 

Soledad maravillosa, mi dulce soledad

Quédate conmigo un tiempo más

Consuela mis sentidos y mis pasiones,

Cúrame hasta que alguien más nos acompañe.

Pero esta vez, sé mi guardiana, mi resguardo

No permitas que te olvide, no permitas que te deje.

Control Zeta (Ctrl + Z)

23 nov

“Puede besar a la novia”. Siento sus labios húmedos con los míos, ahí la razón llegó. Me toma de la mano, y empezamos a caminar por la alfombra roja que va desde el altar hasta la entrada, se siente suave, sostiene mis pasos y los de él.  Estoy vestida de blanco, con un bouquet de rosas blancas en una mano y la otra entrelazando el brazo de él, un chico de piel clara y ojos pardos, con una sonrisa enigmática.

 

Escucho el coro, escucho una canción de alegría. La gente parada al lado de las bancas, mirándome, sonriéndome. Mi madre con lágrimas en su rostro, lágrimas de felicidad contenida. Ella se acerca, da indicaciones a un par de niños que se ponen tras de mí, cargando la cola de este vestido que aún no sé en que momento me lo he puesto. Mi corazón palpita y su sonido se hace perceptible, él sigue mirándome con su sonrisa enigmática. Quién eres?

 

El camino se hace largo, y yo aún desorientada. Estoy llegando a la entrada, una puerta alta, abierta de par en par, y ahí mis amigas y amigos esperando que cruce el umbral. Los niños se detienen, él se detiene, yo me detengo. El arroz cae como rocío sobre mi rostro, pétalos de flores se posan sobre mis cabellos y la gente grita, se ríe, y él sigue mirándome con su sonrisa enigmática.

 

Ahí está el auto negro en el que debo subir, está adornado con cintas y flores blancas, una de sus puertas se abre, en espera de mi entrada. No recuerdo cuándo el sacerdote dijo “aceptas a este hombre como tu esposo”, no recuerdo que yo haya dicho “sí”, pero ahora estoy consciente, y a ese auto no quiero subir. Hago mis pasos más lentos, más rebeldes. Poco a poco se van deteniendo, lo miro a él, su sonrisa enigmática aún permanece en su rostro, sus ojos pardos brillan, pero yo siento miedo.

 

No es un sueño, qué pasó, quién es él?. No puedo subir al auto, tengo que regresar, qué hago aquí?. Debo borrar esto y volver al antes, dar un “deshacer” en la barra de herramientas o un control zeta con el teclado que aparentemente no fue usado estos últimos momentos. Cuánto tiempo ha pasado?, por qué el reloj avanzó sin darme cuenta? Será factible?, existirá un control zeta para la vida?. Pienso, un control zeta, me concentro, un control zeta, suspiro, un control zeta, su sonrisa va desapareciendo mientras mi temor se va revelando, control zeta, vamos, control zeta, cierro los ojos, control zeta, una lágrima empieza a recorrer mi mejilla, control zeta. Funciona, control zeta funcionó. El reloj ha retrocedido, el tiempo ha regresado, el invierno ha sucedido   a la primavera. Estoy sentada en una mesa del Bocatto, tomando un vaso de cerveza malta, miro todo alrededor, me es conocido, me es cierto. Estoy con mis amigas, ellas ríen, yo río. Brindamos mientras un grupo toca una balada de los enanitos verdes. Estoy tranquila, me sirvo otro vaso más, bebo, y suspiro porque tengo el control de mi vida. Otro vaso más, otro brindis más, mientras el chico de piel clara y ojos pardos entra con una chica de la mano.

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Dedicado a los amigos…

28 oct

La amistad está más allá de un sentimiento, de una acción, de un pasatiempo.

La amistad está más allá del tiempo de un reloj o del espacio de un universo.


La amistad es algo más importanteque el cielo que creamos o  el infierno que tememos.

La amistad es más que un día,más que un regalo, más que un saludo.


La amistad es el desborde de la confianza,

es el agua que corre hacia nuestros propios mares,

la savia que da fuerzas a nuestra alma,

el cayado  en que nos apoyamos,

el tutor de nuestras conciencias,

la puerta sin cerradura del corazón,

el sacramento de nuestros sentidos,

el puro acto que nos encamina hacia el amor.


Los amigos son la columna que aún no termina de labrarse,

la poesía sin término donde cada día agregamos un verso,

son la brocha que nos permite borrar las nubes grises de nuestros cielos,

son  la frontera de la soledad que nos protege de las aisladas depresiones.


Amigos son Getty y sus consuelos en las tardes de café,

son Mariela y sus narraciones singulares,

son Nella trayendo la sonrisa de una madre,

son Huguito con el calor de su tierra que trae a esta aún fría Tacna,

son Gaby y sus ocurrencias y alegrías,

son Emilia y sus bromas satíricas,

son JC y sus travesías particulares,

son Dora y su espontánea manera de ser.


Amigos, también aquellos que permanecen en mis recuerdos,

son César con su temperamento aguerrido,

son Arturo y sus logros,

son Narra y sus conversaciones en la sala de mi casa.

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Conversación ….

14 oct

En una de esas conversaciones entre teclas del computador, en que el desahogo se hace letra, y la palabra se hace consolación, mientras transcribían pensamientos e intercambiaban sufrimientos, un par de amigas, encontraron las definiciones en las cuales podían enmarcar parte de sus vidas:

“Nosotras somos de las personas que se ilusionan, que tejen sueños en base a promesas nunca pronunciadas. Y por ello nos enojamos con nosotras mismas, lloramos luego, y nos decepcionamos al finalizar. Pero esa felicidad que sentíamos en esos ratitos, en aquellos en que la mente tejía sueños; nos dibuja una sonrisa que si bien no queda impresa en una foto tácita, está en el mural de nuestros recuerdos. Está en el álbum de recortes hecho con páginas de segunda mano, con páginas de puntas dobladas y márgenes gastados con manchas cobrizas y sepias. Y si algún día, queremos revisarlas, sólo hay que dar vuelta a las páginas y se volverán a dibujar nuestras sonrisas, recordándolas”.

“No todos nos apasionamos con la misma canción, no todos soñamos con la prosa de los mismos libros, no todos suspiramos al ver a alguien en la vereda contraria, no todos reímos igual, ni sufrimos en los mismos grados. Pero todos, tenemos ratitos de felicidad. Momentitos breves, pero significativos, que debemos guardarlos en nuestro álbum de recortes, y de vez en cuando voltear las páginas y sonreír nuevamente”.

Al terminar la conversación, cada una se fue a buscar su álbum de recortes. Una volteó las páginas y sonrió nuevamente. La otra colocó dos nuevas fotos en una hoja nueva, sin esquinas dobladas, ni manchas sepias.

Un día de Junio

10 oct

pasos en la lluvia

Es un día de junio, una noche húmeda, con la garúa vespertina cayendo sobre la ciudad. Un anuncio de la fría noche, un recuerdo a café con leche, a una manta y un abrazo cálido que aleje los vientos helados. La caminata bajo la lluvia siempre es buena, es relajante, es reflexiva.

Con el sonido de los pasos apurados que van en busca de refugio, del agua que salpica por el paso de los autos, de sus bocinas; sigo caminando con las manos en los bolsillos del abrigo, sigo caminando con mis pasos lerdos para disfrutar de la lluvia relajante y reflexiva.

Las luces de las calles se van encendiendo, alumbrando entre la niebla y la humedad de la ciudad. Nuevamente un recuerdo a café con leche, a una manta y un abrazo cálido que aleje los vientos helados.

Las gotas de lluvia caen delicadamente sobre mi cabello, sobre mi rostro, la disfruto aún más que antes. Las veredas se empapan, se van convirtiendo en espejos distorsionados con reflejos brumosos de los pasos de sus caminantes.


El silencio se va apoderando de la calle, los bullicios se van calmando, los pasos se van ausentando. La fría noche ha sido la excusa de varios para refugiarse en casa, ha sido mi excusa para quedarme caminando sola en esta calle de veredas mojadas, de pistas resbalosas, de faros con luces amarillas que iluminan las gotitas oblicuas de lluvia.

El recuerdo de café con leche me lleva a casa, me cubro con la manta gastada y espero que llegue alguna noche el abrazo cálido que aleje los vientos helados.

En la puerta de los 30′s

2 sep

Agosto terminó anteayer, y ahora en setiembre, la sombra de la depresión pre treinta quiere abrumarme.

Agosto se fue, se fue con su frío, se fue con la excusa propicia para abrigarse, la excusa para decirle a alguien que te abrace. Llega setiembre, y aunque en nuestra Tacna tan querida, el frío se haya prendido de nuestras calles y veredas, la primavera se vislumbra en un horizonte ya no tan lejano. Las flores empezaran a colorear, el cielo empezará a despejarse y las nubes tomaran formas más armoniosas. Este mes, celebramos la primavera, el día de la juventud y también mi cumpleaños número treinta…

Estoy en el umbral a punto de tocar la puerta de aquella estancia de la tercera década. Quisiera huir, correr en retroceso, pero las piernas no responden, sólo se puede ir hacia delante. Pero no estoy impedida de mirar el camino que recorrí, ese que tiene baches, piedras, que tuvo una que otra bifurcación y que está llena de alegrías, penas, dolores y satisfacción.

a la puerta de los 30

Sigo mirando esta puerta,  pero no quisiera que se abra aún….

Tengo miedo, miedo de ver qué está tras ella; si ese cuarto está vacío, o si todo el tiempo que pasó se fue amoblando para darme una bienvenida cálida. Si podré quedarme a descansar aquí o tendré que salir por el patio trasero, en  busca de un nuevo camino….

La maleta que cargo aún no tiene mucho peso, es ligera,  sólo lo ocupan algunos recuerdos felices, los nombres de mis grandes amigos, las fotos tamaño carnet de mi familia más cercana,  un par de compendios con hojas sueltas de algún par de libros que aún no termino de escribir, un boleto para ver una película que aún no se ha terminado de filmar y un cd con canciones de melodías arrítmicas que aún las radios no quieren emitir.

En un bolsillo llevo una hoja rasgada con los nombres (muy pero muy pocos en verdad) de quienes algún día me enamoré (mejor aclaro: me ilusioné) aún no he decidido si deben o no guardarse en la maleta. En el otro bolsillo llevo una hoja arrugada donde he anotado con lápiz lo que me falta por hacer.

No hay ningún diario escrito, ni en la maleta ni escondido en los bolsillos.

No hay heridas que deban ser curadas, sólo un par de cicatrices que se han ido desvaneciendo con el tiempo.

Así llego a la puerta de los treinta,  indecisa, sin saber si debo entrar o huir.

Paola Vargas… no es sólo un tema más

2 nov
La indignación se ha apoderado de nosotros, nos ha abierto los ojos de manera temporal (lamentablemente) y nos pone a cuestionar y criticar la delincuencia, el pandillaje de las barras bravas. Nos pone sobre la mesa el tema de conversación, que durará hasta que venga otro suceso y nos cambie la página sin poder regresar a la anterior y olvidaremos el nombre de Paola Vargas, olvidaremos su tragedia, olvidaremos  que unos cicateros miembros de esta sociedad peruana a la que todos, absolutamente todos pertenecemos,  arrojaron la vida de una joven prometedora por la puerta de un bus en movimiento, y la dejaron a su suerte en el pavimento.
Y los noticieros escritos, radiales y televisivos hicieron su parte, nos contaron los sucesos. Y los políticos oportunistas se colgaron de la indignación popular a efectos de quedar bien con los votantes. Y el presidente habla de “perdigonazos”, y otros de castigos ejemplares. Y algunos echan la culpa a los dirigentes de Universitario de Deportes (que la tienen en gran parte).
Y Paola Vargas, la muchacha prometedora, una joven peruana que era parte de ese grupo aún menor que pretende con su propio esfuerzo cambiar la realidad algo mezquina y mediocre de esta sociedad, murió. Y su muerte no se puede revertir.
Recién ahora, cuando una vida fue arrebatada de manera tan injusta, nos ponemos todos (me incluyo) a hablar del tema.
Y de quién es la culpa?:
de los padres de estos desadaptados sociales?,  de la vida que les tocó vivir?,  del estado ausente?,  de la mala educación en los colegios públicos?,  del efecto migratorio que el terrorismo trajo?,  de la falta de oportunidades?,  de la desigualdad social?,  de la globalización?,  de la falta de militarización en los colegios?,  del profesor de matemática que ahuyento a un joven estudiante?,  del auxiliar del colegio que agarraba a palos a sus alumnos?,  del maltrato infantil?, del abandono moral?….de …?  De…? De…?
De quién es la culpa?…. busquemos …..pero buscando no reviviremos a Paola…
Busquemos la solución, y que sea la última vez que lo hacemos cuando la tragedia ya llegó.
Empecemos a cambiar la sociedad, empecemos a cambiar el Perú, pero no cuando todo caiga y se derrumbe, sino más bien cuando aún podemos evitar sucesos lamentables y pérdidas de vidas.
Aprendamos algo, que esto no quede sólo como tema de conversación, que esto no sea sólo un “topic” más de los políticos aprovechados, sino más bien sea la punta de la madeja que nos permita desenredar el problema social del país.
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